15.10.04SERPADRESHoy en día es un tema recurrente en las mesas de amigos. Muchos papás no saben como “dominar” a sus hijos, como si fueran yeguas o caballos que hay que domar.

Los hijos son en la calle, el reflejo exacto de lo que son en sus casas. Hoy muchos padres dicen “mi hijo es muy caprichoso”, y seguramente es verdad, pero los hijos serán tan caprichosos en la misma medida que los padres consientan los caprichos.

Qué difícil es muchas veces entablar una conversación entre mayores, cuando hay un menor en el medio, porque este último, insiste, insiste hasta que el padre lo atiende. Si se permite una vez, todas las veces siguientes seguirá haciéndolo.

No hay límites y una persona sin límites va aún camino sin retorno.

Cuando uno le pone un límite aún niño y esa acción nos duele pero la mantenemos a pesar del dolor almático, entonces quiere decir que estamos en el camino correcto y tomamos buenas decisiones.

Los límites son como una ruta en la noche donde todo está bien demarcado, las líneas de refractarias, la doble línea o línea punteada, según sea el caso, entonces sé por dónde conducir mi vehículo, cuando puedo acelerar, cuando debo reducir la velocidad, incluso sé hasta que puedo estar en la banquina; ahora si el camino es de tierra y no hay ninguna señal, deberé ir mucho más lento y nunca estaré seguro. Así pasa con los límites en nuestros hijos. Si nosotros no les ponemos límites para ellos será como viajar en el mismo camino de tierra sin demarcación a 140 km. por hora. Lo más seguro es que tengan un accidente grave y en muchos casos les vaya la vida.

Muchos papás se confunden porque creen tener hijos extrovertidos y en realidad son hijos irrespetuosos, caprichosos y atrevidos.

Son fundamentales los cinco primeros años de vida para el poder educarlos. Allí es donde se siembran en el niño todos los valores, hábitos, disciplinas, que cuando sea joven y aún adulto no se olvidará y ejecutará.

Los hijos aprenden por tres cosas: En primer lugar por lo que ven a sus padres hacer; segundo por lo que escuchan del mundo que los rodea y por último por lo que los padres dicen.

Obviamente el mensaje es: “Que hagas lo mismo que dices”.

Otro concepto que se introdujo en la familia es el de la democracia. Debemos comprender que la democracia es un sistema de gobierno establecido para países, pero no para las familias. En las familias hay padres y ellos establecen el rumbo de dicha familia. Hoy se escucha mucho decir: “¿Qué quieren comer?” y por ello tenemos muchos jóvenes y adolescentes que no se alimentaron bien durante el desarrollo madurativo de su pubertad, porque obviamente querían comer lo que a ellos les gusta y en un 90% no es lo que ellos verdaderamente necesitan. Ello después se traduce en obesidad, bulimia o anorexia.

Cuando enseñamos un hábito aún niño, no nos es permitido ser flexibles. No es: “bueno si quieres hoy hacerlo, hazlo, sino lo haces mañana”. Así no se construyen los hábitos. Los hábitos se deben construir desde una disciplina y la disciplina es dura rígida; es como el acero: si se dobla, se quiebra.

Pero hoy muchos padres establecen la disciplina como si fuera de plomo, se va adaptando a las circunstancias y cuando pasa esto deja de ser disciplina para transformarse en libertinaje, donde cada uno hace según su parecer. Para que esto no ocurra los padres tienen que tener un principio de cabecera: “Que mi sí sea sí y que mi no sea no”, esto hará que los niños no especulen y sepan valorar la palabra del padre, que los llevará en un futuro a darle valor a sus propias palabras, promesas o pactos.

Nadie dijo que es fácil ser padres en la sociedad que hoy nos toca vivir, pero tengamos presentes que los padres son los tutores de esa pequeña planta que es un hijo y que si nosotros como padres deseamos que sean hombres de bien el día de mañana, entonces deberemos estar conduciendo su crecimiento hasta que sean unos verdaderos arbustos que puedan dirigirse solos a ese futuro árbol, que albergará tiernos pájaros que construirán sus nidos en sus ramas. Que así sea.