Los padres estamos para hacer explotar las potencialidades de nuestros hijos.

Observando el film “La Sociedad de los Poetas Muertos”, vemos como Neil por caminos distintos a lo que marca la sociedad decide ser actor y llega a ser el protagonista de una obra importante de Shakespeare obteniendo el papel principal, pero eso le vale una severa reprimenda del padre, quien no ve el potencial que tiene su hijo sino que tercamente decide que el teatro no va a ser el futuro para Neil. Entonces Neil, decide en su corazón morir para ser libre en vez de vivir una vida de esclavitud haciendo algo para lo cual no había sido creado.

Otro caso muy famoso fue Vincent Van Gogh. A diferencia del anterior este es real no una ficción. Vincent fue hijo de un pastor protestante de los países bajos. El mandato familiar indicaba que el también debía ser pastor como su padre. El se reveló a este mandato y pintó. Sus obras de arte, magníficas por cierto, muestran su contraste con la religión, no con su creencia, pues se puede observar a lo largo de sus obras como está presente en su vida a un Jesús que es el sinónimo de amor. Su padre y familia, nunca apoyó su arte. Para ellos el arte era parte de un sistema diabólico establecido en el mundo. Finalmente se disparó en el pecho en un trigal (figura que se plantea en Juan 4:35, cuando Jesús dice, los campos están listos para la cosecha) en Auvers-sur-Oise (Francia).

Los padres debemos generar los espacios para que nuestros vástagos puedan transformar ese potencial en una realidad. La felicidad no es un estado, es una decisión. Uno no está feliz, por el contrario, uno es feliz. Y la felicidad se alcanza haciendo para lo que uno vino a esta tierra. Si eso nos genera recursos o no… se verá; lo que si genera es felicidad y ser feliz hoy por hoy es un atributo que pocos pueden mostrar.

Desde acá alentamos a los padres a acompañar los gustos, deseos, anhelos de los hijos. Los progenitores debemos ser un puente entre ese potencial y la realidad. El camino será más corto, más rápido y más sencillo si nosotros quienes convivimos con nuestros retoños, nos ponemos al lado de ellos y les vamos abriendo las puertas… no las que nosotros queremos sino la que ellos ansían para hacer su propósito en este planeta.

En nuestra sociedad proliferan los adultos frustrados, infelices, heridos y mediocres, pues tuvieron que seguir un mandato familiar, o siguieron ese consejo que decía “hace esto o aquello que es lo mejor para tu vida” y no se detuvieron a escuchar su interior, su corazón, para que éste les dijera “vos fuiste creado para hacer esta tarea en la tierra”. Si lo hubieran hecho, hoy serían felices y serían una usina generadora de felicidad por donde están, en su familia, en su entorno.

Hoy abogamos por dos cosas: Una por padres que dejen salir lo que está contenido en sus hijos, que no sean frustradores seriales y lo segundo es: joven, niño o adolescente: Busca en tu interior para que fuiste formado, cuál es tu misión en la tierra. Imaginate que sos un martillo que no sabe para que pueda ser usado, seguramente ese martillo le preguntaría a quien lo creó, cuál es su función en esa caja de herramientas.

Hacer lo que tenemos que hacer, en el tiempo que lo tenemos que hacer nos genera felicidad. Por muchos martillos que sepan cual es su destino. Qué así sea.